Lo que más necesitas hoy: Gracia y Paz

¿Te has dado cuenta de que cuando le hablas de Cristo a un preso, a una prostituta o a una persona atrapada en las drogas, muchas veces ellos son conscientes de su condición? Saben que han cometido errores y que, por sí mismos, no merecen nada de Dios. Reconocen su necesidad de ayuda y de misericordia.

Sin embargo, cuando hablas con algunas personas ocurre todo lo contrario. Creen que merecen todo de Dios y de la vida porque se lo han ganado. Piensan que sus logros, su inteligencia, su atractivo, su riqueza o su aparente bondad les dan cierto derecho delante de Dios.

Pero la realidad es que todos necesitamos dos cosas para vivir una vida plena: gracia y paz.

La gracia es un regalo inmerecido. Para disfrutar de la gracia de Dios, primero debemos reconocer que no podemos ganarla ni merecerla. No importa quién seas o cuánto bien creas haber hecho. Tal vez seas una mejor persona que yo en muchos aspectos, pero cuando nos comparamos con la perfecta justicia y santidad de Dios, todos quedamos expuestos. Todos descubrimos que lo necesitamos desesperadamente. Necesitamos que Dios tenga misericordia de nosotros.

Y cuando entendemos quiénes somos realmente, surge algo difícil de soportar: la culpa. No tenemos paz con nosotros mismos. Miramos nuestro pasado y vemos nuestras faltas, nuestros fracasos y nuestras heridas. Aun cuando recibimos la gracia de Dios, muchas veces seguimos luchando con la ansiedad, el temor al futuro o las preocupaciones del presente que nos quitan el sueño.

¿Te imaginas lo hermoso que sería vivir cada día con gracia y paz?

Déjame decirte algo: la gracia de Dios y la paz de Dios son dos de las mayores necesidades de tu vida hoy. La gracia te recuerda que eres amado aun cuando no lo mereces. La paz te recuerda que estás en las manos de Dios aun cuando no entiendes lo que está pasando.

En Efesios 1:2, Pablo saluda a los creyentes diciendo:

«Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.»

Ese es también mi deseo para ti en este día: que puedas disfrutar de la gracia de Dios en tu vida y que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guarde tu corazón y tu mente. Que descanses en Su amor, confíes en Su cuidado y experimentes hoy la gracia y la paz que solo Él puede dar.

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