Dios te ve por lo que puedes llegar a ser

Imagina que trabajas en una empresa y que uno de los gerentes ve algo especial en ti. Reconoce que aún te falta experiencia, que necesitas aprender muchas cosas y que cometerás errores en el proceso. Sin embargo, también ve tu potencial. Cree que, si te da una oportunidad y no la desperdicias, podrías llegar muy lejos.

Tú agradeces esa oportunidad porque sabes que podría ser la más importante de tu vida. Quieres dar lo mejor de ti, aunque a veces fallas porque todavía estás aprendiendo. A pesar de ello, tu jefe te corrige con paciencia, perdona tus errores y te ayuda a superar tus deficiencias. Lo único que te pide es que no renuncies, que permanezcas firme y que continúes esforzándote para llegar a ser el profesional que él sabe que puedes llegar a ser.

Ese es un hermoso ejemplo de lo que Dios hace con nosotros.

Dios nos llama santos. Nos aparta para Él. Y muchas veces, como cristianos, nos preguntamos cómo Dios puede ver algo bueno en nosotros. La respuesta es que Él no nos mira solamente por lo que somos hoy, sino por lo que podemos llegar a ser en Cristo.

Ser santo significa haber sido apartado para Dios. Ser fiel significa ser constante, perseverante y digno de confianza. Dios no te pide que seas una persona extraordinaria de la noche a la mañana. Lo que te pide es que no te rindas, que permanezcas cerca de Él, que seas constante y que sigas adelante aun cuando tropieces. Él mismo se encargará de transformarte en la persona que ha planeado que seas.

Por eso, en Efesios 1:1, Pablo dirige su carta a «los santos y fieles en Cristo Jesús». Observa que no dice solamente «santos y fieles», sino «santos y fieles en Cristo Jesús». Esa es la clave. No se trata de lo que podemos lograr por nuestras propias fuerzas, sino de lo que Dios puede hacer en nosotros cuando permanecemos unidos a Cristo.

Quizás has fallado. Quizás te has equivocado muchas veces. Pero no te des por vencido. Dios sigue viéndote como alguien que apartó para Sus propósitos.

Tal vez tú digas: «Señor, yo no puedo».

Y Dios responde: «Yo sé que tú solo no puedes, pero conmigo sí puedes. Permanece fiel y sigue intentándolo de mi mano».

La fidelidad no significa nunca caer. La fidelidad significa levantarse cada vez que caes, sacudirse el polvo y continuar caminando. Significa seguir confiando en Dios cuando las fuerzas parecen acabarse. Él siempre está extendiendo su mano para ayudarte a seguir adelante.

Quizás hoy piensas que no eres quien deberías ser. Pero Dios es Aquel que llama las cosas que no son como si fueran, porque tiene el poder para convertirlas en realidad. Él ve en ti mucho más de lo que tú mismo puedes ver.

No te rindas. Dios aún está obrando en tu vida.

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